Este otoño han terminado los trabajos de restauración de dos piezas de la colección del Museo Diocesano de Barcelona. Se trata de la tabla de San Martín con núm. de inventario MDB 525 y de la talla de Santa Madrona con núm. de inventario MDB 271. La restauración se ha realizado en el Centre de Restauració de Béns Mobles de Catalunya por Beatriz Montobbio y Lourdes Domedel, y ha sido posible gracias al Arzobispado de Barcelona y el Departament de Cultura de la Generalitat de Cataluña.

La tabla central, donde se representa san Martín vestido de obispo y entronizado, ingresó en el Museo Diocesano de Barcelona en 1916 y fue registrada por su director Manuel Trens, procedente de la iglesia parroquial de Sant Martí de Teià, en el Maresme. La pieza, atribuida a Bernat Despuig y Jaume Cirera, es un claro testimonio de cómo arraigó el gótico internacional en el territorio catalán en los siglos XIV-XV. En la tabla podemos observar una serie de características en la figura del santo y en la composición que le acercan al estilo de la segunda etapa del gótico internacional.
Durante el proceso de restauración, el soporte de la tabla fue desinsectado, limpiado, consolidado y, como se puede comprobar en la fotografía, se cerraron los orificios y las grietas. Un detalle curioso es el orificio circular que se encuentra en la parte inferior de la tabla; es posible que se trate de una gatonera, un agujero en una puerta o en una pared por donde pueden entrar y salir los gatos. Este orificio ha sido tapado con una madera cuadrada encajada entre los travesaños del reverso. Por lo que respecta a la capa pictórica, ha recuperado sus colores vibrantes gracias a los tratamientos, fijaciones, limpiezas y reintegraciones realizadas por las restauradoras.
La talla de madera policromada de Santa Madrona ingresó en el Museo Diocesano de Barcelona después de la Guerra Civil. No disponemos de documentación sobre esta escultura para poder determiar su autoría y su cronología. Sin embargo, por sus características formales, la obra podría situar cronológicamente entre la segunda mitad del siglo XVII y la primera mitad del siglo XVIII, inscribiéndose en el estilo barroco. Posiblemente la imagen formaba parte de un retablo barroco de alguna iglesia barcelonesa, junto a la escultura de Santa Eulalia que también se conserva en el Museo (MDB 260). Se trata, por tanto, de una representación de la escultura religiosa barcelonesa de estilo barroco, una tipología de escultura que resultó muy perjudicada por las destrucciones sufridas durante los conflictos y guerras de los siglos XIX y XX, y por el cambio de gusto que arrinconó a las manifestaciones barrocas en las artes plásticas, condenándolas al deterioro y al olvido.
La imagen de Santa Madrona se debió salvar de quemarse en un incendio, dado que los materiales que la conforman mostraban alteraciones causadas por haber sido sometida a altas temperaturas y en la superficie presentaba restos de humo y hollín. A raíz de la restauración, en la que se han limpiado y reintegrado las capas pictóricas, en lugar del ennegrecimiento hemos recuperado la policromía y los dorados tan característicos del barroco. En cuanto al soporte, ha sido desinsectado, limpiado y consolidado; es destacable el relleno de algunas grietas bastante profundas para evitar la acumulación de suciedad como medida preventiva de conservación.
Gracias a las restauraciones, hemos recuperado una magnífica tabla gótica y una imagen barroca de una de las copatronas de Barcelona. Esperamos exponerlas en breve en las salas del Museo.